Cuando la sal ya está formada y lista para recogerla, empieza la cosecha. En las salinas grandes se utilizan máquinas especiales que van levantando y recogiendo la capa de sal acumulada en el fondo. Después, la cargan en camiones, que la transportan hasta las zonas donde se amontona para que escurra y se seque. Esos montones enormes de sal blanca que vemos desde lejos son precisamente el resultado de todo ese trabajo.
Una vez recogida y almacenada, la sal puede pasar por distintos procesos de limpieza, secado y clasificación antes de llevarla a las fábricas para prepararla y envasarla. A mí me parece curioso pensar que algo tan sencillo como la sal que usamos todos los días se consigue dejando trabajar a la naturaleza, con el sol y el viento, y después utilizando maquinaria y camiones para recoger y transportar toneladas de sal. Además, las salinas de las marismas tienen otra cosa muy bonita: forman parte de un entorno natural donde también viven y descansan muchas aves, como los flamencos.
Todas estás fotografías fueron tomadas en Marismas del Odiel Huelva




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