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domingo, 27 de septiembre de 2026

Lagos de Covadonga

Cuando visité los Lagos de Covadonga, en Asturias, me quedé impresionada con lo bonito que es todo aquel paisaje. Es uno de esos lugares donde parece que estás dentro de una postal, rodeada de montañas, praderas verdes y un aire puro que se agradece muchísimo. Los lagos están dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa y los más conocidos son el lago Enol y el lago Ercina. Lo que más me gustó fue esa tranquilidad que transmite el entorno, con las montañas reflejándose en el agua y el verde de los prados extendiéndose por todas partes. Es un sitio para recorrer sin prisas, parándote a mirar el paisaje y disfrutando de cada rincón.
En general, la visita a los Lagos de Covadonga fue una experiencia que recomendaría a cualquiera que disfrute de la naturaleza, los animales y los paisajes verdes. Me encantó ver las vacas pastando tranquilamente, escuchar los cencerros y contemplar aquellas montañas que parecen no terminar nunca. Es un lugar donde merece la pena detenerse, observar lo que tienes alrededor y disfrutar de la tranquilidad, siempre respetando a los animales y manteniendo la distancia adecuada, porque aunque estén acostumbrados a ver personas, siguen siendo animales que necesitan su espacio. Sin duda, es uno de esos rincones de Asturias que dejan un recuerdo precioso y al que apetece volver.
Otra cosa que recuerdo con cariño es la gastronomía asturiana, porque después de pasar un buen rato paseando por aquellos paisajes, apetece sentarse a descansar y probar algo típico de la zona. En los establecimientos de los alrededores se pueden encontrar productos tradicionales, como quesos asturianos y sidra, además de otros platos propios de la región. Los quesos tienen muchísima fama en Asturias, especialmente variedades como el Cabrales o el Gamonéu, que se elaboran siguiendo tradiciones muy arraigadas. Para mí, combinar una visita a la montaña con la oportunidad de conocer la gastronomía local hace que la experiencia sea todavía más completa.
Durante el recorrido también pude disfrutar de los caminos que rodean los lagos y de las vistas que se van descubriendo a medida que avanzas. Hay zonas donde puedes detenerte para hacer fotografías y otras desde las que se aprecia mejor la amplitud de las montañas. El lago Ercina, por ejemplo, tiene un entorno precioso, con praderas y laderas que cambian de aspecto según la luz y la época del año. Es importante llevar calzado cómodo y respetar los senderos, porque estamos en un espacio natural protegido y debemos procurar que siga conservándose así de bonito.
Una de las cosas que más me llamó la atención durante la visita fueron las vacas que estaban pastando tranquilamente por las praderas. Las encontrabas por distintos puntos del paisaje, comiendo hierba, descansando o simplemente mirando a la gente que pasaba. Me pareció precioso verlas tan integradas en aquel entorno natural, porque forman parte de la imagen más típica de Asturias. Están acostumbradas a aprovechar los pastos de montaña durante la temporada adecuada, y verlas allí, con las montañas al fondo, hace que el paisaje tenga todavía más encanto.
También me fijé en que algunas vacas llevaban cencerros colgados del cuello, y ese sonido se escuchaba de fondo mientras paseabas por los caminos. Es una imagen muy ligada a la vida ganadera de Asturias, donde la ganadería tradicional sigue teniendo mucha importancia. Muchas de estas vacas pertenecen a razas adaptadas a la zona, como la Asturiana de los Valles o la Asturiana de la Montaña, aunque no todas las vacas que vemos por allí tienen por qué ser de esas razas. Me gustó observarlas con calma, porque ver a los animales en libertad por los pastos, dentro de su entorno, es algo que disfruto mucho
 

domingo, 20 de septiembre de 2026

Cordillera de los Andes




La cordillera de los Andes es una de las grandes maravillas naturales que tenemos en nuestro planeta. Se extiende por toda la parte occidental de América del Sur, atravesando siete países: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Es una cordillera larguísima, de unos 7.000 kilómetros, y cuando uno piensa en esas montañas, se imagina paisajes enormes, cumbres nevadas y carreteras que serpentean entre las rocas. Es impresionante pensar en la cantidad de kilómetros que ocupa y en cómo cambia el paisaje de una zona a otra..


Una de las cosas que más me llama la atención de los Andes es la altura de sus montañas. Allí se encuentra el Aconcagua, que está en Argentina y alcanza los 6.961 metros, siendo la montaña más alta de América. Imaginarse una montaña de esa altura ya es increíble, pero verla de cerca tiene que ser una experiencia difícil de olvidar. Además, según vas ganando altura, cambia todo a tu alrededor: la vegetación se vuelve más escasa, el aire tiene menos oxígeno y las temperaturas pueden bajar muchísimo, incluso aunque abajo haga bastante calor.


Otra cosa curiosa es que los Andes no son solamente montañas cubiertas de nieve. También hay valles, volcanes, lagunas de aguas cristalinas, desiertos y zonas donde apenas crece vegetación. En algunos lugares encontramos llamas, alpacas y vicuñas, animales perfectamente adaptados a vivir en esas condiciones. También hay pueblos que llevan muchísimas generaciones viviendo en estas montañas y que han aprendido a cultivar la tierra y a aprovechar los recursos de un entorno que, a primera vista, parece bastante duro.


 Los Andes también tienen una historia geológica muy interesante. Se formaron principalmente por el movimiento de las placas tectónicas, especialmente porque la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Sudamericana. Este proceso continúa hoy en día y es el responsable de que haya tantos volcanes y terremotos en algunas zonas. Es curioso pensar que esas montañas tan enormes, que parecen completamente inmóviles, forman parte de un planeta que está cambiando constantemente, aunque esos cambios se produzcan muy lentamente.


Y si hay algo que me parece especial de la cordillera de los Andes es la sensación de inmensidad que transmite. Cuando recorres sus carreteras y ves esas montañas gigantescas rodeándote, te das cuenta de lo pequeños que somos en comparación con la naturaleza. Hay lugares donde puedes encontrarte con montañas de distintos colores, formaciones rocosas curiosísimas y paisajes que parecen de otro mundo. Para mí, los Andes son mucho más que una cadena montañosa: son una auténtica maravilla natural, llena de historia, vida y rincones que merece la pena conocer al menos una vez en la vida.


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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Cordillera de los Andes. Paso Los Libertadores. Frontera con Chile




Durante mi viaje por Argentina, tuve la oportunidad de recorrer una zona impresionante de la cordillera de los Andes y acercarme hasta el Paso de los Libertadores, que comunica Argentina con Chile. Aunque no llegué a cruzar la frontera chilena, me quedé a pocos kilómetros de ella y pude disfrutar de unos paisajes de montaña espectaculares. A medida que avanzaba por la carretera, iba viendo montañas enormes, paredes rocosas y cumbres nevadas que parecían tocar el cielo. Me llamó muchísimo la atención aquella carretera de alta montaña, con tantas curvas y rodeada de un paisaje que parecía interminable.


Una de las cosas que más me impresionó de aquella zona fue la presencia del Aconcagua, situado en la provincia argentina de Mendoza. Con sus aproximadamente 6.961 metros de altura, era la montaña más alta de América y una de las grandes maravillas naturales de los Andes. Me parecía increíble pensar que estaba en una región dominada por montañas de semejante tamaño. El Aconcagua atraía a montañeros de todo el mundo que intentaban alcanzar su cima, aunque era una ascensión muy exigente debido a la altura y a las condiciones meteorológicas. Una curiosidad que descubrí fue que, a pesar de su aspecto, no era un volcán. Sus alrededores estaban llenos de paisajes de alta montaña, valles, ríos y terrenos rocosos que cambiaban de aspecto según la altitud. Era uno de esos lugares donde te quedabas mirando el paisaje y te dabas cuenta de lo pequeña que podía parecer una persona frente a semejante inmensidad.

Otra curiosidad de aquella región era que el tiempo podía cambiar rápidamente y que, durante el invierno, las fuertes nevadas podían obligar a cerrar los pasos fronterizos. Aunque finalmente no llegué a cruzar a Chile y me quedé a pocos kilómetros de la frontera, el recorrido mereció muchísimo la pena. Pude disfrutar de paisajes increíbles, conocer lugares llenos de historia y descubrir curiosidades que hicieron que aquella experiencia fuera todavía más especial. Si tuviera que contárselo a mi familia, les diría que fue una de esas partes del viaje que se te quedan grabadas en la memoria por la grandeza de las montañas y por todo lo que llegas a descubrir por el camino.
 

Otra de las paradas que más me gustaron fue el Puente del Inca, un lugar muy curioso de Mendoza que parecía sacado de otro mundo. Lo más llamativo era aquella formación natural de colores amarillos, anaranjados y ocres, creada a lo largo del tiempo por los depósitos minerales de las aguas termales. Parecía un puente construido por alguien, pero la naturaleza había sido la encargada de darle aquella forma tan peculiar. Por debajo pasaba el río Cuevas y cerca se encontraban los restos de un antiguo hotel que quedó muy dañado por un alud. También me llamó la atención la leyenda inca que contaba cómo unos guerreros habían formado un puente para que un príncipe enfermo pudiera llegar hasta unas aguas curativas. Aunque se trataba de una leyenda, resultaba muy interesante conocerla mientras contemplabas aquel paisaje tan diferente. Fue uno de esos lugares que me sorprendieron no solo por su belleza, sino también por todas las historias que guardaba.