Cuando visité los Lagos de Covadonga, en Asturias, me quedé impresionada con lo bonito que es todo aquel paisaje. Es uno de esos lugares donde parece que estás dentro de una postal, rodeada de montañas, praderas verdes y un aire puro que se agradece muchísimo. Los lagos están dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa y los más conocidos son el lago Enol y el lago Ercina. Lo que más me gustó fue esa tranquilidad que transmite el entorno, con las montañas reflejándose en el agua y el verde de los prados extendiéndose por todas partes. Es un sitio para recorrer sin prisas, parándote a mirar el paisaje y disfrutando de cada rincón.
En general, la visita a los Lagos de Covadonga fue una experiencia que recomendaría a cualquiera que disfrute de la naturaleza, los animales y los paisajes verdes. Me encantó ver las vacas pastando tranquilamente, escuchar los cencerros y contemplar aquellas montañas que parecen no terminar nunca. Es un lugar donde merece la pena detenerse, observar lo que tienes alrededor y disfrutar de la tranquilidad, siempre respetando a los animales y manteniendo la distancia adecuada, porque aunque estén acostumbrados a ver personas, siguen siendo animales que necesitan su espacio. Sin duda, es uno de esos rincones de Asturias que dejan un recuerdo precioso y al que apetece volver.
Otra cosa que recuerdo con cariño es la gastronomía asturiana, porque después de pasar un buen rato paseando por aquellos paisajes, apetece sentarse a descansar y probar algo típico de la zona. En los establecimientos de los alrededores se pueden encontrar productos tradicionales, como quesos asturianos y sidra, además de otros platos propios de la región. Los quesos tienen muchísima fama en Asturias, especialmente variedades como el Cabrales o el Gamonéu, que se elaboran siguiendo tradiciones muy arraigadas. Para mí, combinar una visita a la montaña con la oportunidad de conocer la gastronomía local hace que la experiencia sea todavía más completa.
Durante el recorrido también pude disfrutar de los caminos que rodean los lagos y de las vistas que se van descubriendo a medida que avanzas. Hay zonas donde puedes detenerte para hacer fotografías y otras desde las que se aprecia mejor la amplitud de las montañas. El lago Ercina, por ejemplo, tiene un entorno precioso, con praderas y laderas que cambian de aspecto según la luz y la época del año. Es importante llevar calzado cómodo y respetar los senderos, porque estamos en un espacio natural protegido y debemos procurar que siga conservándose así de bonito.
Una de las cosas que más me llamó la atención durante la visita fueron las vacas que estaban pastando tranquilamente por las praderas. Las encontrabas por distintos puntos del paisaje, comiendo hierba, descansando o simplemente mirando a la gente que pasaba. Me pareció precioso verlas tan integradas en aquel entorno natural, porque forman parte de la imagen más típica de Asturias. Están acostumbradas a aprovechar los pastos de montaña durante la temporada adecuada, y verlas allí, con las montañas al fondo, hace que el paisaje tenga todavía más encanto.
También me fijé en que algunas vacas llevaban cencerros colgados del cuello, y ese sonido se escuchaba de fondo mientras paseabas por los caminos. Es una imagen muy ligada a la vida ganadera de Asturias, donde la ganadería tradicional sigue teniendo mucha importancia. Muchas de estas vacas pertenecen a razas adaptadas a la zona, como la Asturiana de los Valles o la Asturiana de la Montaña, aunque no todas las vacas que vemos por allí tienen por qué ser de esas razas. Me gustó observarlas con calma, porque ver a los animales en libertad por los pastos, dentro de su entorno, es algo que disfruto mucho











