Google

Mostrando entradas con la etiqueta gallinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gallinas. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de octubre de 2026

Gallo Valenciana de Chulilla


El gallo Valenciana de Chulilla es una raza de gallina autóctona de la Comunidad Valenciana que forma parte de esas aves tradicionales que merece la pena conocer y conservar. Es un gallo de aspecto rústico, criado tradicionalmente en corrales y relacionado con la avicultura de la zona. Como ocurre con otras razas antiguas, su interés no está solamente en su aspecto, sino también en conservar unas características que se han mantenido a lo largo del tiempo. Es de esas aves que llaman la atención cuando las ves caminar por el corral, con su porte erguido y ese comportamiento tan típico de los gallos..


 Una de las cosas que más destacan de estos gallos es su comportamiento territorial y su forma de relacionarse con las gallinas. El gallo suele estar pendiente de lo que ocurre a su alrededor, busca alimento, vigila el entorno y puede avisar al grupo cuando detecta algo extraño. También tiene su propio carácter, como pasa con cualquier gallo, aunque el temperamento depende mucho del ejemplar y de cómo se haya criado. Para mantenerlo bien, necesita espacio para moverse, un gallinero protegido donde descansar y una alimentación equilibrada, además de agua limpia y un lugar donde pueda escarbar y darse baños de tierra.

A mí me parece interesante hablar de esta raza porque muchas veces conocemos las gallinas más comunes, pero no tanto las variedades tradicionales que se han criado durante generaciones en distintas regiones de España. Conservar estas aves ayuda a mantener la diversidad de nuestras razas domésticas y una parte de la historia rural valenciana. Eso sí, para describir con precisión el color del plumaje, el peso o la forma de la cresta del gallo Valenciana de Chulilla, conviene consultar el estándar de la raza o una fuente especializada, porque no es buena idea confundirlo con otras razas valencianas que pueden tener características diferentes.

martes, 13 de diciembre de 2022

Pollitos nuevos en la granja

 Estos son los nuevos pollitos de nuestra granja, nacidos de incubadora, despues de 21 dias justos 



Cuando incubo huevos de gallina en una incubadora, lo primero que tengo en cuenta es que los huevos estén fecundados y que sean adecuados para la incubación. Los coloco con cuidado dentro de la incubadora, procurando que la temperatura y la humedad sean las correctas. Normalmente, la temperatura se mantiene alrededor de los 37,5 °C y la incubación dura unos 21 días, aunque a veces algún pollito puede adelantarse o retrasarse un poquito. Durante este tiempo hay que vigilar que todo funcione bien, porque los huevos necesitan unas condiciones estables para que el embrión pueda desarrollarse correctamente.

Una de las cosas más importantes es el volteo de los huevos. Si la incubadora no lo hace automáticamente, hay que girarlos varias veces al día para evitar que el embrión se quede pegado a la membrana interior. También me gusta comprobar cómo va evolucionando todo mediante el miraje, que consiste en iluminar el huevo con una luz especial para observar su interior. Normalmente, a partir del séptimo día ya se pueden apreciar los primeros signos del desarrollo, como las venitas y una pequeña zona más oscura. Es una de las partes más bonitas del proceso, porque te permite comprobar que la vida se está formando dentro del huevo

Cuando llegamos al día 18, empieza la última etapa de la incubación, que se conoce como nacimiento o periodo de eclosión. En ese momento se dejan de voltear los huevos y se ajusta la humedad para facilitar que los pollitos puedan romper la cáscara sin que las membranas se sequen demasiado. A partir de ahí, lo mejor es tener paciencia y evitar abrir continuamente la incubadora, porque los cambios de humedad pueden dificultar la salida de los pequeños. Primero hacen un agujerito en la cáscara y después van rompiéndola poco a poco hasta conseguir salir. Aunque parezca que tardan muchísimo, es un proceso natural que necesita su tiempo.

Y cuando por fin empiezan a nacer los pollitos, la verdad es que es una experiencia preciosa. Salen mojados, cansados y un poquito torpes, pero poco a poco se van secando y recuperando fuerzas. No hay que tener prisa por sacarlos de la incubadora; lo normal es dejarlos dentro hasta que estén secos y esponjosos, siempre vigilando que las condiciones sean adecuadas. Después se pasan a una criadora preparada con calor, agua y alimento apropiado para pollitos. Para mí, lo más curioso de todo este proceso es pensar que, durante esos 21 días, dentro de un huevo aparentemente normal se ha ido formando un pollito completo. Es una experiencia que te ayuda a valorar todavía más la naturaleza y todo lo que ocurre antes de que nazca una pequeña vida.

.