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jueves, 1 de octubre de 2026

Pleiospilos nelii

El Pleiospilos nelii es una suculenta bastante curiosa, de esas que cuando las ves por primera vez te preguntas si es una planta de verdad o una piedra. Es originaria de Sudáfrica y suele conocerse como planta piedra porque sus hojas tienen una forma redondeada y un color gris verdoso que le permite camuflarse entre las rocas de su entorno natural. Normalmente tiene dos hojas carnosas, gruesas y bastante compactas, con una hendidura en el centro, aunque cuando va creciendo puede desarrollar un nuevo par de hojas. Su aspecto es muy particular y, precisamente por eso, es una de esas suculentas que llaman muchísimo la atención en cualquier colección.

Una de las cosas más importantes que hay que saber sobre esta planta es que está adaptada a vivir en lugares secos, así que almacena agua en sus hojas y no necesita que la estemos regando continuamente. De hecho, uno de los errores más habituales al cultivarla es pasarse con el agua, porque sus raíces pueden pudrirse con bastante facilidad si el sustrato permanece húmedo demasiado tiempo. Lo ideal es utilizar una mezcla muy mineral, con arena gruesa, piedra pómez o gravilla, que permita que el agua salga rápidamente. También necesita mucha luz, aunque si la tenemos en casa o en un lugar protegido conviene acostumbrarla poco a poco al sol directo para evitar que sus hojas se quemen.


Otra cosa preciosa del Pleiospilos nelii es su floración. Cuando está bien cuidado, puede sacar una flor bastante grande en comparación con el tamaño de la planta, normalmente de color amarillo o amarillo anaranjado, con numerosos pétalos finos que recuerdan un poco a una margarita. Las flores suelen aparecer entre el otoño y la primavera, dependiendo de las condiciones de cultivo, y se abren con la luz del día. Es curioso porque, cuando la flor se desarrolla entre esas hojas tan compactas, el contraste resulta espectacular. Eso sí, no todas las plantas florecen todos los años, ya que depende de su edad, la luz que reciba y las condiciones en las que la mantengamos.



 

lunes, 28 de septiembre de 2026

Jardín botánico Celestino Mutis

 



Cuando visité el Parque Botánico Celestino Mutis, en La Rábida, Huelva, disfruté muchísimo del paseo, porque es uno de esos lugares donde puedes ir tranquilamente, rodeada de plantas y árboles de todo tipo, y olvidarte un poco de todo. Como me gustan tanto las plantas, para mí fue una visita muy entretenida, ya que en cada rincón encontraba algo que me llamaba la atención. Es un sitio donde puedes pasear sin prisas, observar la naturaleza y descubrir especies que muchas veces no estamos acostumbrados a ver en nuestros jardines.
Una de las cosas que más me gustó fue la cantidad de plantas diferentes que hay. Me fijaba en las hojas, en las formas de los troncos, en los colores y en las maneras tan distintas que tiene cada especie de crecer. Algunas plantas me resultaban familiares, pero otras eran completamente diferentes a las que suelo ver por aquí. Cuando te gusta la jardinería, no puedes evitar detenerte a mirar cada detalle, porque siempre encuentras alguna planta curiosa que te despierta el interés.
Otra cosa que me pareció muy interesante es que el parque reúne plantas procedentes de distintas partes del mundo. Hay especies originarias de América, África, Asia y Oceanía, y resulta curioso ver cómo cambia la vegetación dependiendo del lugar del que procede. Algunas tienen hojas enormes, otras están adaptadas a climas más secos y otras necesitan ambientes mucho más húmedos. A mí me gusta mucho descubrir estas diferencias, porque te ayudan a entender mejor por qué cada planta necesita unos cuidados determinados.
Durante el recorrido también me fijé en las zonas donde el agua tiene protagonismo, con un lago y espacios donde podemos encontrar vegetación acuática. Me pareció que estas zonas le daban mucha vida al jardín y creaban rincones muy agradables para pasear y detenerse un rato. Entre el agua y la vegetación se forma un ambiente muy bonito, y además puedes observar plantas como los nenúfares y otras especies que necesitan tener bastante humedad para desarrollarse bien.
También me llamó la atención la variedad de árboles que hay repartidos por el parque. Algunos destacan por su tamaño, otros por la forma de sus hojas y otros por sus troncos tan particulares. Me gusta observar estas cosas porque muchas veces pasamos junto a un árbol sin fijarnos realmente en él, y cuando te paras a mirarlo con calma descubres detalles que antes te habían pasado desapercibidos. En un lugar así puedes aprender muchísimo simplemente observando lo que tienes delante.

El parque lleva el nombre de José Celestino Mutis, un botánico que dedicó gran parte de su vida al estudio de las plantas y que participó en una importante expedición científica por tierras de la actual Colombia. Me parece bonito que un jardín botánico lleve su nombre, porque al final estos espacios sirven precisamente para conocer mejor el mundo vegetal. Además de disfrutar del paseo, también te llevas algunos conocimientos nuevos y aprendes a valorar la enorme variedad de plantas que existen.
Una de las cosas que más me gustan de visitar lugares como este es que siempre vuelves a casa habiendo descubierto algo nuevo. A veces es una planta que no conocías, otras una forma curiosa de crecer o simplemente una idea que te gustaría poner en práctica en tu propio jardín. Para mí, visitar un jardín botánico es mucho más que dar un paseo, porque puedo disfrutar de una de mis aficiones y, al mismo tiempo, seguir aprendiendo sobre las plantas.

En general, me pareció un lugar muy agradable para pasar un rato rodeada de naturaleza. Recomendaría visitarlo a cualquier persona a la que le gusten las plantas, los árboles y los espacios verdes, aunque no tenga grandes conocimientos de botánica. Es un sitio para recorrer con calma, mirando a tu alrededor y disfrutando de cada rincón. Personalmente, este tipo de visitas me encantan, porque me permiten descubrir especies nuevas, disfrutar de la naturaleza y volver con todavía más ganas de seguir aprendiendo sobre el maravilloso mundo de las plantas.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Polinización manual de la pitahaya


 La pitahaya o fruta del dragón (géneros Selenicereus y lblj
) tiene una polinización bastante curiosa porque sus flores son enormes, muy vistosas y suelen abrirse durante la noche

La floración:

Las flores aparecen generalmente desde finales de primavera hasta el verano. Son grandes, blancas o ligeramente amarillentas y pueden superar los 20 cm. Se abren al anochecer y permanecen abiertas durante unas horas, desprendiendo un aroma que ayuda a atraer a sus polinizadores

Polinización natural:

En sus zonas de origen, la pitahaya puede ser polinizada por murciélagos y polillas nocturnas, aunque dependiendo de la especie también intervienen otros animales. Los polinizadores transportan el polen desde las anteras hasta el estigma de otra flor. Algunas variedades son autoincompatibles, por lo que necesitan polen de otra planta genéticamente diferente para producir frutos

Polinización manual:

Cuando no hay suficientes polinizadores, es muy habitual realizarla a mano. Se recoge suavemente el polen de las anteras con un pincel pequeño y se deposita sobre el estigma, que es la estructura situada en el centro de la flor. Lo ideal es hacerlo durante la noche, cuando la flor está completamente abierta. Para variedades autoincompatibles conviene utilizar polen procedente de otra planta.

Un detalle precioso es que una sola flor de pitahaya puede contener cientos de miles de granos de polen y un ovario con numerosos óvulos, de modo que la actividad de los polinizadores nocturnos puede determinar directamente la cantidad y calidad de fruta que finalmente produce la planta

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

HILDEWINTERA COLADEMONONIS (CLEISTOCACTUS)

La Hildewintera colademononis, que también se conoce como cactus cola de mono, es una planta muy curiosa y bonita que llama la atención nada más verla. Es originaria de Bolivia y tiene unos tallos largos que van creciendo hacia abajo, cubiertos de unos pelitos blancos que parecen una cola peluda de mono, de ahí viene su nombre. Es una planta ideal para tener en macetas colgantes, porque, conforme va creciendo, sus tallos van cayendo y queda preciosa. Aunque por fuera parezca blandita por esos pelitos, no deja de ser un cactus, así que hay que tratarla como tal.

En cuanto a sus cuidados, no es una planta demasiado complicada, por lo que puede ser una buena opción para quienes están empezando en el mundo de las suculentas y los cactus. Le gusta tener mucha luz, aunque es mejor acostumbrarla poco a poco al sol directo para que no se queme. Con el riego hay que tener cuidado, porque no necesita mucha agua y lo mejor es esperar a que la tierra esté completamente seca antes de volver a regarla. También necesita una tierra que drene bien, para que el agua no se quede acumulada en las raíces. Si la cuidamos bien, puede regalarnos unas flores preciosas de color rojo o rosado intenso que destacan muchísimo entre sus tallos blancos. Y una cosa curiosa es que podemos sacar nuevas plantas a partir de esquejes, así que, si nos gusta esta variedad, podemos reproducirla y tener más ejemplares.