El Pleiospilos nelii es una suculenta bastante curiosa, de esas que cuando las ves por primera vez te preguntas si es una planta de verdad o una piedra. Es originaria de Sudáfrica y suele conocerse como planta piedra porque sus hojas tienen una forma redondeada y un color gris verdoso que le permite camuflarse entre las rocas de su entorno natural. Normalmente tiene dos hojas carnosas, gruesas y bastante compactas, con una hendidura en el centro, aunque cuando va creciendo puede desarrollar un nuevo par de hojas. Su aspecto es muy particular y, precisamente por eso, es una de esas suculentas que llaman muchísimo la atención en cualquier colección.
Una de las cosas más importantes que hay que saber sobre esta planta es que está adaptada a vivir en lugares secos, así que almacena agua en sus hojas y no necesita que la estemos regando continuamente. De hecho, uno de los errores más habituales al cultivarla es pasarse con el agua, porque sus raíces pueden pudrirse con bastante facilidad si el sustrato permanece húmedo demasiado tiempo. Lo ideal es utilizar una mezcla muy mineral, con arena gruesa, piedra pómez o gravilla, que permita que el agua salga rápidamente. También necesita mucha luz, aunque si la tenemos en casa o en un lugar protegido conviene acostumbrarla poco a poco al sol directo para evitar que sus hojas se quemen.
Otra cosa preciosa del Pleiospilos nelii es su floración. Cuando está bien cuidado, puede sacar una flor bastante grande en comparación con el tamaño de la planta, normalmente de color amarillo o amarillo anaranjado, con numerosos pétalos finos que recuerdan un poco a una margarita. Las flores suelen aparecer entre el otoño y la primavera, dependiendo de las condiciones de cultivo, y se abren con la luz del día. Es curioso porque, cuando la flor se desarrolla entre esas hojas tan compactas, el contraste resulta espectacular. Eso sí, no todas las plantas florecen todos los años, ya que depende de su edad, la luz que reciba y las condiciones en las que la mantengamos.




