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miércoles, 28 de octubre de 2026

Euphorbia stellata


CONCEPTOS GENERALES 

La Euphorbia stellata es una suculenta originaria de Sudáfrica que llama mucho la atención por su forma tan curiosa, parecida a una estrella pegada al suelo. Aunque puede recordar a un cactus, en realidad pertenece al género Euphorbia. Es una planta de crecimiento lento, ideal para coleccionistas de suculentas diferentes. Le gusta la luz abundante, un sustrato que drene bien y riegos moderados, dejando secar completamente la tierra entre riegos. Hay que tener cuidado con el exceso de humedad y con su savia blanca, ya que puede resultar irritante para la piel y los ojos.



SU TALLO

Lo más curioso de la Euphorbia stellata es su tallo, porque es lo que hace que esta planta sea tan diferente y llame tanto la atención. Tiene una parte central gruesa y carnosa, de la que salen varios brazos aplanados que se extienden hacia los lados, formando una especie de estrella irregular pegada al suelo. Estos brazos tienen los bordes ondulados y cada planta puede crecer de una manera un poco distinta, así que no hay dos ejemplares exactamente iguales. Además, su tallo no solo le da esa forma tan original, sino que también le sirve para almacenar agua y poder aguantar mejor las épocas de sequía. Otra cosa curiosa es que, al ser verde, también realiza la fotosíntesis, por lo que no necesita grandes hojas para alimentarse. A mí me parece una suculenta muy especial, porque cuando la miras de cerca te das cuenta de que toda su belleza está en ese tallo tan extraño, que parece una pequeña estrella creciendo directamente sobre la tierra.

REPRODUCCIÓN 

La Euphorbia stellata se puede reproducir por semillas, aunque hay que tener un poquito de paciencia, porque es una planta que crece despacio. Para conseguir semillas, primero tiene que florecer y producirlas después de la polinización. Una vez que las tenemos, podemos sembrarlas en un sustrato suelto que drene bien, mantenerlo ligeramente húmedo y darle calorcito para favorecer la germinación, pero sin pasarnos con el agua, porque el exceso de humedad puede estropear las semillas. Es una forma bastante interesante de conseguir nuevas plantas, aunque no siempre resulta fácil si la tenemos en casa y no llega a producir semillas.

También se puede intentar reproducir mediante esquejes, pero aquí hay que tener más cuidado, porque la Euphorbia stellata no es de las suculentas que se multiplican fácilmente cortando cualquier trocito. Su tallo tiene una forma muy particular y, si cortamos alguno de sus brazos sin saber bien cómo hacerlo, podemos estropear la planta. Además, cuando se corta, suelta una savia blanca que puede irritar la piel y los ojos, así que hay que manipularla con mucha precaución. Por eso, si queremos multiplicarla, yo me inclinaría por la reproducción mediante semillas o por conseguir un ejemplar criado por alguien que tenga experiencia con esta especie. Lo importante es no tener prisa y dejar que la planta crezca a su ritmo, porque estas suculentas tan especiales merecen un poquito de paciencia.

Camiones de Sal

Las salinas de las marismas funcionan aprovechando el agua del mar, el sol y el viento para obtener sal de una forma bastante natural. El agua entra por unos canales y va pasando por distintas balsas poco profundas. A medida que el sol calienta el agua y el viento ayuda a evaporarla, la sal se va concentrando cada vez más, hasta llegar a unas balsas llamadas cristalizadores, donde empiezan a formarse los cristales de sal en el fondo.
Cuando la sal ya está formada y lista para recogerla, empieza la cosecha. En las salinas grandes se utilizan máquinas especiales que van levantando y recogiendo la capa de sal acumulada en el fondo. Después, la cargan en camiones, que la transportan hasta las zonas donde se amontona para que escurra y se seque. Esos montones enormes de sal blanca que vemos desde lejos son precisamente el resultado de todo ese trabajo.
Una vez recogida y almacenada, la sal puede pasar por distintos procesos de limpieza, secado y clasificación antes de llevarla a las fábricas para prepararla y envasarla. A mí me parece curioso pensar que algo tan sencillo como la sal que usamos todos los días se consigue dejando trabajar a la naturaleza, con el sol y el viento, y después utilizando maquinaria y camiones para recoger y transportar toneladas de sal. Además, las salinas de las marismas tienen otra cosa muy bonita: forman parte de un entorno natural donde también viven y descansan muchas aves, como los flamencos.


Todas estás fotografías fueron tomadas en Marismas del Odiel Huelva 
 

sábado, 24 de octubre de 2026

Flor de la pitahaya (pitaya)

Flor pitahaya
La pitahaya, que también conocemos como fruta del dragón, es una planta que pertenece a la familia de los cactus, aunque a primera vista no lo parezca. Es una planta trepadora que necesita algún tipo de soporte para crecer bien y que, cuando se hace adulta, puede regalarnos unos frutos preciosos y muy ricos. Pero una de las cosas que más me llaman la atención de esta planta son sus flores, porque son enormes, blancas y muy vistosas. Lo curioso es que suelen abrirse al anochecer y duran muy poco tiempo, así que, si tienes una en casa, hay que estar pendiente para no perderse ese momento.
Flor pitahaya
Si nos fijamos bien en la flor, veremos que tiene varias partes muy interesantes. Los pétalos, que en estas flores se suelen llamar tépalos, son esas estructuras blancas y alargadas que le dan ese aspecto tan espectacular. En el centro tenemos los estambres, que son los órganos masculinos y donde se produce el polen, que normalmente tiene un color amarillento. Y sobresaliendo por el centro encontramos el estigma, que es la parte femenina donde tiene que llegar el polen para que se produzca la fecundación. Debajo está el ovario, que es la parte que después empezará a desarrollarse para formar la pitahaya. Es decir, que toda esa flor tan bonita es la que tiene que hacer el trabajo para que luego podamos recoger el fruto.

Flor pitahaya
Pues aquí viene una de las cosas más interesantes, porque no todas las pitahayas funcionan de la misma manera. Tenemos variedades de pulpa blanca, de pulpa roja y también las amarillas, pero el color del fruto no nos dice necesariamente si una planta puede polinizarse sola o si necesita otra variedad. Algunas son autofértiles, lo que significa que pueden producir frutos utilizando su propio polen. Otras son autoincompatibles, y necesitan recibir polen de otra pitahaya compatible para poder fructificar correctamente.
También hay que tener en cuenta que una planta autofértil no siempre se poliniza sola sin ayuda. Puede tener flores con sus partes masculinas y femeninas perfectamente desarrolladas, pero si el polen no llega al estigma en el momento adecuado, la flor puede terminar marchitándose sin producir ningún fruto. Por eso es importante conocer la variedad que tenemos y no dar por hecho que todas las pitahayas se comportan igual.
Flor pitahaya
En la naturaleza, la propia flor está preparada para atraer a los animales que la ayudan a reproducirse. Como se abre principalmente por la noche, su aroma y su tamaño atraen a polinizadores nocturnos, como algunas polillas y murciélagos. Estos animales entran en la flor para alimentarse y, al rozar los estambres, se llevan el polen pegado al cuerpo. Cuando visitan otra flor, pueden depositarlo sobre el estigma y así se produce la polinización.
En nuestros jardines o invernaderos, sin embargo, puede que no tengamos suficientes polinizadores para que esto ocurra. Las abejas también pueden visitar las flores cuando todavía están abiertas, pero no siempre consiguen polinizarlas de manera eficaz. Por eso, a veces vemos una flor preciosa, esperamos que salga la fruta y, al cabo de unos días, la flor se marchita y se cae sin que llegue a formarse nada. No significa necesariamente que la planta esté enferma; puede que simplemente no haya recibido suficiente polen compatible.
Flor pitahaya

Como podemos polinizar las nosotros?

La verdad es que es bastante sencillo y muy curioso de hacer. Lo ideal es esperar a que la flor esté completamente abierta, normalmente por la noche o a primera hora de la mañana. Cogemos un pincel pequeño, limpio y seco, y rozamos suavemente los estambres para recoger un poco del polen amarillo. Después, pasamos ese polen por el estigma, que es esa parte central que sobresale por encima de los estambres.
Si nuestra pitahaya es autofértil, podemos probar con el polen de la misma flor o de otra flor de la misma planta. Pero si es autoincompatible, necesitaremos polen de otra variedad compatible que esté floreciendo al mismo tiempo. Y esto es importante, porque utilizar polen de otra planta no garantiza el éxito si ambas variedades no son compatibles.


Flor pitahaya
Una vez hecha la polinización, toca tener paciencia. Si todo ha ido bien, veremos que la base de la flor empieza a engordar y poco a poco se va formando el fruto. Dependiendo de la variedad y de las condiciones, la pitahaya puede tardar aproximadamente entre cuatro y seis semanas en madurar durante los meses cálidos.
Flor pitahaya
Si os gustan las pitahayas y queréis cultivarlas en casa, yo intentaría averiguar primero qué variedad tengo. Si es autofértil, probaría a polinizarla con su propio polen y observaría los resultados. Si necesita polinización cruzada, lo mejor sería tener otra variedad compatible que florezca al mismo tiempo.
Flor pitahaya

Y recordad que autofértil no significa que siempre vaya a dar frutos sin ayuda. La temperatura, la calidad del polen, el momento de la polinización y el estado de la planta también influyen. Lo bonito de hacerlo a mano es que puedes observar todo el proceso y aprender cómo funciona esta planta tan peculiar. Y cuando finalmente ves que aquella flor empieza a convertirse en una pitahaya, la verdad es que resulta muy gratificante.

 Fotografías personales de pitahaya hibridum

viernes, 23 de octubre de 2026

Cycas revoluta - palma de sagú

La palma de sagú es una planta muy curiosa que llama mucho la atención por su aspecto, porque parece una palmera en miniatura, con esas hojas largas, verdes y brillantes que salen de la parte de arriba. Aunque mucha gente la conoce como palmera, en realidad no es una palmera verdadera, sino una cícada, una planta muy antigua que lleva millones de años en la Tierra. Su nombre científico es Cycas revoluta y tiene un crecimiento bastante lento, así que hay que tener paciencia para verla hacerse grande.

 En cuanto a sus cuidados, es una planta que me parece preciosa para tener en el jardín o en una maceta grande. Le gusta estar en un sitio luminoso y agradece recibir algo de sol, aunque conviene acostumbrarla poco a poco para que no se quemen las hojas. Lo más importante es no pasarse con el agua, porque sus raíces pueden pudrirse si la tierra permanece demasiado húmeda. Por eso, lo mejor es utilizar un sustrato que drene bien y dejar que se seque parte de la tierra entre riego y riego.

Una cosa que también me parece interesante es que la palma de sagú crece despacito y suele sacar sus hojas nuevas en tandas, formando una especie de corona muy bonita. Eso sí, hay que tener cuidado si tenemos animales en casa, porque todas sus partes son tóxicas, especialmente las semillas, y pueden resultar muy peligrosas para perros y gatos si las ingieren. Por lo demás, es una planta resistente y decorativa que, con un poco de cuidado y paciencia, puede acompañarnos durante muchísimos años.

jueves, 22 de octubre de 2026

Avión comun

A este polluelo de avión comun lo encontramos en un viejo nido de golondrinas en la fachada de mi casa, de hecho pensamos que era una golondrina al principio. Los padres por algún motivo abandonaron el nido con sus tres pollitos dentro. 

Yo los veía día a día pedir comida y a los padres viniendo a traerla, un día los vi pidiendo y pidiendo, pensé, tienen mucha hambre... y veía sus cabecitas asomadas esperando que llegaran.


Una tarde-noche vi que uno de los pollitos estaba asomado, cosa que no era normal a esa hora, y también vi que los padres no estaban durmiendo en el borde del nido como siempre. Use una escalera para echar un vistazo y vi que dos pollitos estaban muertos y uno vivo, ojalá hubiese prestado más atención y los hubiera salvado a los tres... No me lo pensé, lo agarre y lo bajé con mucho cuidado. El bebé, que ahora se llama Pololo, seguía pidiendo comida, busque por internet y lo que podía darle y que tenía más aceptación para algo temporal, era comida de gatos humedecida hecha pasta... Tiene mucha proteina...

 Ahí le di de comer al Pololo hasta que se durmió calentito en una huevera de cartón donde encajaba super bien, con papel para más comodidad. Al día siguiente, le seguí dando de comer como durante toda la noche, y por la tarde nos acercamos al centro de recuperación de aves que por suerte está a pocos kilómetros de mi casa. Allí nos atendieron muy amablemente y nos explicaron un poco por qué pasan estás cosas, que no era golondrina sino avión comun, las diferencias entres las dos aves y que Pololo tendría la oportunidad de ser libre más adelante cuando fuera mayor. 

Vuela libre Pololo. 🐦‍⬛