La pitahaya, que también conocemos como fruta del dragón, es una planta que pertenece a la familia de los cactus, aunque a primera vista no lo parezca. Es una planta trepadora que necesita algún tipo de soporte para crecer bien y que, cuando se hace adulta, puede regalarnos unos frutos preciosos y muy ricos. Pero una de las cosas que más me llaman la atención de esta planta son sus flores, porque son enormes, blancas y muy vistosas. Lo curioso es que suelen abrirse al anochecer y duran muy poco tiempo, así que, si tienes una en casa, hay que estar pendiente para no perderse ese momento.

Si nos fijamos bien en la flor, veremos que tiene varias partes muy interesantes. Los pétalos, que en estas flores se suelen llamar tépalos, son esas estructuras blancas y alargadas que le dan ese aspecto tan espectacular. En el centro tenemos los estambres, que son los órganos masculinos y donde se produce el polen, que normalmente tiene un color amarillento. Y sobresaliendo por el centro encontramos el estigma, que es la parte femenina donde tiene que llegar el polen para que se produzca la fecundación. Debajo está el ovario, que es la parte que después empezará a desarrollarse para formar la pitahaya. Es decir, que toda esa flor tan bonita es la que tiene que hacer el trabajo para que luego podamos recoger el fruto.

Pues aquí viene una de las cosas más interesantes, porque no todas las pitahayas funcionan de la misma manera. Tenemos variedades de pulpa blanca, de pulpa roja y también las amarillas, pero el color del fruto no nos dice necesariamente si una planta puede polinizarse sola o si necesita otra variedad. Algunas son autofértiles, lo que significa que pueden producir frutos utilizando su propio polen. Otras son autoincompatibles, y necesitan recibir polen de otra pitahaya compatible para poder fructificar correctamente.
También hay que tener en cuenta que una planta autofértil no siempre se poliniza sola sin ayuda. Puede tener flores con sus partes masculinas y femeninas perfectamente desarrolladas, pero si el polen no llega al estigma en el momento adecuado, la flor puede terminar marchitándose sin producir ningún fruto. Por eso es importante conocer la variedad que tenemos y no dar por hecho que todas las pitahayas se comportan igual.
En la naturaleza, la propia flor está preparada para atraer a los animales que la ayudan a reproducirse. Como se abre principalmente por la noche, su aroma y su tamaño atraen a polinizadores nocturnos, como algunas polillas y murciélagos. Estos animales entran en la flor para alimentarse y, al rozar los estambres, se llevan el polen pegado al cuerpo. Cuando visitan otra flor, pueden depositarlo sobre el estigma y así se produce la polinización.
En nuestros jardines o invernaderos, sin embargo, puede que no tengamos suficientes polinizadores para que esto ocurra. Las abejas también pueden visitar las flores cuando todavía están abiertas, pero no siempre consiguen polinizarlas de manera eficaz. Por eso, a veces vemos una flor preciosa, esperamos que salga la fruta y, al cabo de unos días, la flor se marchita y se cae sin que llegue a formarse nada. No significa necesariamente que la planta esté enferma; puede que simplemente no haya recibido suficiente polen compatible.
Como podemos polinizar las nosotros?
La verdad es que es bastante sencillo y muy curioso de hacer. Lo ideal es esperar a que la flor esté completamente abierta, normalmente por la noche o a primera hora de la mañana. Cogemos un pincel pequeño, limpio y seco, y rozamos suavemente los estambres para recoger un poco del polen amarillo. Después, pasamos ese polen por el estigma, que es esa parte central que sobresale por encima de los estambres.
Si nuestra pitahaya es autofértil, podemos probar con el polen de la misma flor o de otra flor de la misma planta. Pero si es autoincompatible, necesitaremos polen de otra variedad compatible que esté floreciendo al mismo tiempo. Y esto es importante, porque utilizar polen de otra planta no garantiza el éxito si ambas variedades no son compatibles.
Una vez hecha la polinización, toca tener paciencia. Si todo ha ido bien, veremos que la base de la flor empieza a engordar y poco a poco se va formando el fruto. Dependiendo de la variedad y de las condiciones, la pitahaya puede tardar aproximadamente entre cuatro y seis semanas en madurar durante los meses cálidos.
Si os gustan las pitahayas y queréis cultivarlas en casa, yo intentaría averiguar primero qué variedad tengo. Si es autofértil, probaría a polinizarla con su propio polen y observaría los resultados. Si necesita polinización cruzada, lo mejor sería tener otra variedad compatible que florezca al mismo tiempo.
Y recordad que autofértil no significa que siempre vaya a dar frutos sin ayuda. La temperatura, la calidad del polen, el momento de la polinización y el estado de la planta también influyen. Lo bonito de hacerlo a mano es que puedes observar todo el proceso y aprender cómo funciona esta planta tan peculiar. Y cuando finalmente ves que aquella flor empieza a convertirse en una pitahaya, la verdad es que resulta muy gratificante.
Fotografías personales de pitahaya hibridum