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martes, 6 de octubre de 2026

LENTEJA DE AGUA


La lenteja de agua es el nombre común que reciben varias pequeñas plantas acuáticas flotantes, especialmente las del género Lemna. Son plantas diminutas que viven sobre la superficie de estanques, charcas, lagunas y aguas tranquilas, formando a veces una auténtica alfombra verde. Su pequeño tamaño contrasta con la importancia que pueden tener dentro del ecosistema, ya que crecen rápidamente cuando encuentran suficiente luz y nutrientes.


Estas plantas también pueden servir de soporte para numerosos pequeños insectos y otros organismos que viven en la superficie del agua. Sus diminutas hojas flotantes crean una especie de plataforma donde algunos insectos pueden posarse, desplazarse o buscar alimento. Además, entre las raíces y las hojas se acumulan microorganismos y pequeños invertebrados que forman parte de la cadena alimentaria de muchos animales acuáticos.

Para los peces, la lenteja de agua puede proporcionar una importante zona de protección. Cuando cubre parcialmente la superficie, crea sombra y reduce la cantidad de luz que penetra directamente en el agua. Los peces pequeños y los alevines pueden refugiarse entre las plantas y sus raíces, escondiéndose de depredadores que los localizarían con mayor facilidad en aguas completamente despejadas. También puede ofrecerles una zona tranquila donde permanecer cerca de la superficie.


 Además, la lenteja de agua participa en el funcionamiento del ecosistema acuático al absorber nutrientes del agua y producir oxígeno mediante la fotosíntesis. Una cobertura moderada puede favorecer la biodiversidad y crear pequeños espacios llenos de vida alrededor de sus raíces. Sin embargo, cuando crece de manera excesiva puede cubrir casi toda la superficie, dificultar el paso de la luz y alterar el equilibrio del estanque; por eso, su presencia resulta especialmente beneficiosa cuando forma parte de una comunidad acuática equilibrada.

lunes, 5 de octubre de 2026

NACIMIENTO DE UN GANSO

La incubación de los huevos de ganso dura aproximadamente 28-32 días, dependiendo de la raza. Durante este tiempo, la madre mantiene los huevos calientes y los gira con frecuencia para que el embrión se desarrolle correctamente. Cuando llega el momento de nacer, el pequeño ganso rompe poco a poco el cascarón con su pico, un proceso que puede durar varias horas. Finalmente consigue salir completamente y queda cubierto de un plumón húmedo que se va secando rápidamente.
Durante las primeras horas de vida, el gansito permanece tranquilo mientras termina de secarse y recupera fuerzas. Su plumón se vuelve esponjoso y comienza a moverse con bastante rapidez, siguiendo instintivamente a su madre. Aunque todavía es pequeño y delicado, pronto puede mantenerse sobre sus patas y empezar a explorar su entorno. También aprende rápidamente a reconocer a su madre y a sus hermanos, formando un grupo muy unido.
Durante las primeras semanas, el crecimiento del ganso es sorprendentemente rápido. Va sustituyendo progresivamente el plumón por plumas juveniles, aumenta mucho de tamaño y desarrolla unas patas y un cuello cada vez más fuertes. A lo largo de los siguientes meses se vuelve más independiente, pasa buena parte del tiempo caminando, picoteando hierba y explorando, y aprende comportamientos propios de los adultos. Hacia los 4-6 meses, muchas razas ya presentan un aspecto bastante parecido al de un ganso adulto, aunque todavía continuarán desarrollándose hasta alcanzar su tamaño y madurez definitivos.



 

FAUCARIA


 La Faucaria es un género de plantas suculentas perteneciente a la familia Aizoaceae, originario principalmente de Sudáfrica. Son plantas pequeñas y muy llamativas, conocidas popularmente como “boca de tigre” por la forma de sus hojas, que se agrupan formando rosetas compactas. Sus hojas son gruesas, carnosas y de color verde o verde grisáceo, y presentan unos pequeños dientes o protuberancias en los bordes que recuerdan a la mandíbula de un animal. Estos “dientes” no suelen ser peligrosos y forman parte de su adaptación al ambiente seco. Entre las especies más conocidas se encuentra Faucaria tigrina, una de las más cultivadas. Durante los meses más frescos y con suficiente luz puede producir unas bonitas flores amarillas, parecidas a pequeñas margaritas, que suelen abrirse con la luz solar y cerrarse al anochecer. Su aspecto compacto y exótico hace que sea una suculenta muy apreciada para colecciones y jardines de plantas crasas.

Como ocurre con muchas plantas procedentes de regiones áridas, la Faucaria almacena agua en sus hojas, por lo que necesita un sustrato muy drenante y riegos moderados. Es importante dejar que la tierra se seque antes de volver a regar, ya que el exceso de humedad puede provocar pudrición de las raíces. Prefiere lugares muy luminosos y puede recibir varias horas de sol suave, aunque en zonas de calor intenso conviene protegerla del sol más fuerte durante las horas centrales para evitar daños. Su crecimiento suele ser relativamente lento y permanece bastante pequeña, por lo que resulta ideal para macetas y composiciones de suculentas. Puede reproducirse mediante semillas y, en algunas especies, mediante división de grupos. Además de su resistencia y facilidad de mantenimiento cuando se respetan sus necesidades, destaca especialmente por su curiosa apariencia: las rosetas llenas de pequeñas “fauces” y sus flores amarillas hacen que parezca casi una pequeña criatura vegetal.

PLAGA PULGON EN LA PITAHAYA PITAYA


El pulgón de la pitahaya es un pequeño insecto que se alimenta de la savia de los brotes tiernos, tallos y, en ocasiones, flores de la planta. Aunque suele ser diminuto, puede multiplicarse rápidamente en condiciones favorables y debilitar los tejidos afectados. Al extraer savia, puede provocar deformaciones, amarilleamiento, crecimiento más lento y una menor vitalidad de los brotes. Además, los pulgones producen una sustancia azucarada llamada melaza, que queda sobre la superficie de la planta y puede favorecer la aparición de hongos conocidos como negrilla.

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La relación entre pulgones y hormigas es especialmente interesante. Muchas hormigas aprovechan la melaza que producen los pulgones como fuente de alimento y, a cambio, pueden protegerlos frente a algunos depredadores, como mariquitas, crisopas y larvas de sírfidos. Por este motivo, cuando se observa una gran cantidad de hormigas recorriendo una pitahaya, especialmente alrededor de los brotes, puede ser señal de que existen pulgones u otros insectos productores de melaza. Las hormigas pueden incluso trasladar pulgones hacia zonas jóvenes de la planta donde tengan mejores condiciones para alimentarse.

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En una pitahaya cultivada conviene vigilar especialmente los brotes nuevos, donde las colonias de pulgones pueden establecerse con facilidad. Una infestación pequeña suele poder controlarse retirando los pulgones manualmente o mediante agua a presión suave, evitando dañar los tallos. También es beneficioso favorecer la presencia de insectos auxiliares que se alimentan de pulgones. Si se controla la población de hormigas y se eliminan los focos de pulgones, se rompe en buena medida esta relación y la pitahaya puede continuar creciendo y floreciendo con normalidad.





 

domingo, 4 de octubre de 2026

Nenufar


El nenúfar es una planta acuática perteneciente principalmente al género Nymphaea, muy apreciada por sus grandes hojas flotantes y sus vistosas flores. Vive en aguas tranquilas o de corriente muy lenta, como estanques, lagunas y pequeños lagos. Sus hojas suelen ser redondeadas, de color verde y con una abertura que se extiende desde el centro hasta el borde, mientras que sus raíces y rizomas permanecen sujetos al fondo.


Sus flores son una de sus características más llamativas. Pueden ser blancas, rosadas, amarillas, rojas o violáceas, dependiendo de la especie y variedad, y algunas desprenden un agradable perfume. Muchas especies abren sus flores durante el día y las cierran al anochecer, aunque existen nenúfares de floración nocturna. Las flores atraen a distintos insectos polinizadores, que contribuyen a la reproducción de la planta.
 

 Además de su valor ornamental, los nenúfares cumplen una importante función en los ecosistemas acuáticos. Sus hojas proporcionan sombra y refugio a pequeños animales y ayudan a crear zonas de protección para peces y otros organismos. Se cultivan ampliamente en estanques y jardines acuáticos, donde aportan un aspecto muy característico al paisaje. Para crecer bien necesitan agua relativamente tranquila, suficiente luz y un sustrato donde sus rizomas puedan desarrollarse.