En cuanto a sus cuidados, es una planta bastante agradecida y fácil de mantener, incluso si estamos empezando con las suculentas. Le gusta tener mucha luz y puede recibir algo de sol directo, aunque es mejor acostumbrarla poco a poco para evitar que se queme. Lo más importante es no pasarse con el riego, porque, como ocurre con muchas plantas de este tipo, el exceso de agua puede pudrirle las raíces. Yo utilizaría un sustrato que drene bien, de esos preparados para cactus y suculentas, y dejaría que la tierra se secara por completo antes de volver a regar. En invierno conviene reducir todavía más el riego, especialmente si hace frío.
Una de las cosas más bonitas del Aloe humilis es que, cuando está bien cuidado, puede regalarnos unas flores preciosas de color naranja o rojizo que salen de un tallo floral por encima de las hojas. El contraste de las flores con el tono verde azulado de la planta queda muy bonito. Además, con el tiempo puede producir nuevos hijuelos alrededor de la planta madre, que podemos separar con cuidado cuando tengan raíces propias para conseguir nuevos ejemplares. En definitiva, es una suculenta pequeña, resistente y bastante decorativa, perfecta para quienes disfrutan coleccionando plantas diferentes sin tener que complicarse demasiado con los cuidados

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