La impronta en los gansos es algo fascinante, porque ocurre durante sus primeras horas de vida y tiene mucho que ver con cómo reconocen a su madre o a quien los cuida. Cuando los pequeños salen del huevo, están especialmente preparados para identificar y seguir a una figura que les transmita seguridad. En la naturaleza, normalmente es su madre, pero si nacen en una incubadora y lo primero que ven es una persona, pueden acostumbrarse a seguirla como si fuera su figura de referencia. Es como si, durante ese periodo tan especial, aprendieran quién es ese ser al que deben seguir y con quien se sienten protegidos.
Lo curioso es que esta impronta puede ser muy fuerte. Si un gansito se acostumbra a una persona desde sus primeras horas, puede seguirla por todas partes, llamarla cuando no la ve e incluso buscar su compañía constantemente. No significa que el ganso piense que esa persona es literalmente otro ganso, sino que la reconoce como una figura importante. Por eso, cuando incubamos huevos en casa, conviene tener cuidado con la forma en que interactuamos con los pequeños, porque pueden acostumbrarse mucho a nosotros. También es importante que tengan contacto con otros gansos de su edad, para que aprendan comportamientos propios de su especie y puedan relacionarse con ellos.
Una cosa muy bonita es que la impronta no es exactamente lo mismo que el vínculo que desarrollan con nosotros con el paso del tiempo. Un ganso puede aprender a reconocernos, confiar en nosotros y acercarse cuando nos ve, aunque no haya tenido una impronta hacia las personas. Si estamos criando gansos desde pequeños, lo ideal es tratarlos con tranquilidad, hablarles suavemente y acostumbrarlos poco a poco a nuestra presencia, sin olvidar que necesitan crecer junto a otros gansos siempre que sea posible. Así podrán tener una relación cercana con nosotros sin perder la oportunidad de aprender a comportarse como los animales sociales que son.
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