Hoy os quiero hablar del Aeonium arboreum, una suculenta que me parece preciosa por la forma tan curiosa que tiene de crecer. Es originaria de las Islas Canarias y se caracteriza por sus rosetas de hojas, que parecen pequeñas flores colocadas en las puntas de unos tallos que, con el tiempo, se van haciendo leñosos y ramificados. Puede tener las hojas verdes, pero también existen variedades con tonos rojizos, morados y casi negros, que son una auténtica preciosidad. Una de las cosas que más me gustan de esta planta es que, cuando va creciendo, acaba formando una especie de pequeño arbolito lleno de rosetas, por lo que queda genial tanto en macetas como plantada en el jardín.
En cuanto a sus cuidados, no es una planta demasiado complicada, pero hay que conocerla un poquito. Le gusta estar en un lugar luminoso y necesita un sustrato que drene bien, porque no lleva nada bien el exceso de agua en las raíces. Yo tendría cuidado con los riegos, especialmente en invierno, y dejaría que la tierra se secara antes de volver a regarla. Algo curioso es que esta suculenta suele crecer más durante las épocas frescas y templadas, mientras que en verano puede entrar en reposo y perder algunas hojas, algo que forma parte de su ciclo natural. Cuando florece, produce unos racimos de flores amarillas que destacan muchísimo sobre el verde de sus hojas. Y una cosa muy buena es que se puede multiplicar fácilmente mediante esquejes de sus ramas, así que, si tenemos una planta bien desarrollada, podemos conseguir nuevos ejemplares. Para mí, es una suculenta muy especial, resistente y con una forma de crecer que la hace diferente a muchas otras.

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